Qué fácil es que digan como vivir, como vestir, como actuar, que comer, que hacer a cada momento. Qué manipulen y programen tu existencia. Yo no estoy hecho para eso. Siempre he preferido verme inmerso en una decadencia más profunda de mi alma siendo un crío inmaduro y egoista, un gilipollas que sufre de delirios de grandeza. La sensación de dar asco gratuito. Ganarse la soledad, el aislamiento más profundo. El éxito de ser nadie y no tener nada que te ate a una vida que se acaba poco a poco, a un ritmo frenético.
Es como la vieja autócnona de autobuses. Esa persona ruín y podrida, que se cree que los dogmas de su época aún están vigentes. No hay nada mejor que mirar por la ventana la lluvi caer sobre la ciudad, los coches pasar, la humedad condensarse formando vaho en los cristales. ¿Lo has sentido alguna vez? Seguro que sí, pero no o sabes. Sí, sí lo has sentido y no lo sabes: esa sensación de grandiosidad al estar al otro lado del cristal viendo una vida ajena que forma parte de tu presente día a día.
Porque aún llegamos a viejos con esa sonrisa de adolescente enamorado. Porque aún miramos con ternura estas paredes que nos han visto crecer. El suelo manchado de colillas y huellas de neumáticos. La vida tan sencilla que tenemos que complicarla para que tenga emoción. Ni yo sé que quiero ya.
De donde soy y a donde voy
Mostrando entradas con la etiqueta prestigio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta prestigio. Mostrar todas las entradas
jueves, 8 de diciembre de 2011
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Prestigio, parte tercera
Miraba intrigado al solista del bar tocar con esmero su oboe. Los camareros pasaban incesantes, frenéticos, pese a ser un ambiente apacible y nubloso. El olor de los cigarros, las colillas, los puros, las pipas de los viejos y mafiosos que allí negociaban sobre cargamentos de cocaína y putas. La belleza del piano llorar. Las copas calientes, la espuma de la cerveza disipada. El vino ya amargo. La gente silenciosa gritando por dentro, entre susurros y balbuceos. Los perros de la calle de al lado gruñendo. La puerta de la trastienda entornada, el sonido de una pelea de borrachos. Toqué el cielo con los dedos y he bajado al infierno. Soy feliz. Me gusta verme hundido en la más profunda miseria y decadencia y saber que he llegado a lo que pocos llegan. Es muy fácil creerse un héroe e intentar subir a lo mas alto. Lo difícil es ser un héroe que asume su realidad dogmática.
Siempre soñé con ser pianista de jazz y aquí me veo, improvisando poemas a la luna y escribiendo cartas de amor a los sentimientos agazapados. A esos lobitos tiernos y asustadizos que aúllan a las farolas las noches frías, en cualquier parque.
Siempre soñé con ser pianista de jazz y aquí me veo, improvisando poemas a la luna y escribiendo cartas de amor a los sentimientos agazapados. A esos lobitos tiernos y asustadizos que aúllan a las farolas las noches frías, en cualquier parque.
domingo, 27 de noviembre de 2011
Prestigio, parte segunda.
-¿Por qué lo decías sino era cierto?
No era la primera vez que se topaba con la misma imagen. Se le acercaba dócilmente una mujer, intentando crear un vínculo, un principio de nada. Muestras de complicidad que no llevan a nada.
-Era cierto, pero no sé... No estoy contenta.
Es curioso cuando siempre te dicen 'es que busco al hombre adecuado', demuestras que lo eres, y siempre queda en lo mismo. Todas se quejan de su mala suerte, de lo mal que han sido tratadas, de los cuernos que se han llevado, pero te das cuenta que es al revés. Que invierten los papeles para ganar la confianza de su presa a la que devorar lentamente en la cama, como un trofeo de caza que se expone sobre la chimenea humeante de invierno para jactarse con los amigos de clase alta pero de mentalidad escasa.
-Es lo de siempre, no sé. No tienes criterio, ni palabra. No tienes ni idea siquiera de lo que quieres.
Acabó harto. No se culpó ni la culpó, es normal. Es ley de vida. Pero quema el paso del tiempo y ver que una tras otra son sólo mentiras que se apilan en un álnum viejo de fotografías color sepia que se ven marchitas por el tiempo.
No era la primera vez que se topaba con la misma imagen. Se le acercaba dócilmente una mujer, intentando crear un vínculo, un principio de nada. Muestras de complicidad que no llevan a nada.
-Era cierto, pero no sé... No estoy contenta.
Es curioso cuando siempre te dicen 'es que busco al hombre adecuado', demuestras que lo eres, y siempre queda en lo mismo. Todas se quejan de su mala suerte, de lo mal que han sido tratadas, de los cuernos que se han llevado, pero te das cuenta que es al revés. Que invierten los papeles para ganar la confianza de su presa a la que devorar lentamente en la cama, como un trofeo de caza que se expone sobre la chimenea humeante de invierno para jactarse con los amigos de clase alta pero de mentalidad escasa.
-Es lo de siempre, no sé. No tienes criterio, ni palabra. No tienes ni idea siquiera de lo que quieres.
Acabó harto. No se culpó ni la culpó, es normal. Es ley de vida. Pero quema el paso del tiempo y ver que una tras otra son sólo mentiras que se apilan en un álnum viejo de fotografías color sepia que se ven marchitas por el tiempo.
sábado, 26 de noviembre de 2011
Prestigio, parte primera
El taconeo constante de los zapatos contra el duro asfalto. Una ciudad ruidosa, escandalosa. Un silencio que nunca vino. Pulsó al play para acallar las voces. Un salto desde una ventana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)